
Abrí mi boca a mi alma y respondí a lo que dijo:
Es demasiado duro para mi que no quiera mi alma hablar conmigo.
Es, incluso, más grande que una exageración. Es como ignorarme.
Que no se vaya mi alma y me presté atención por ello...
No será capaz de huir de los problemas.
Mirad, mi alma me pierde, pero no la escucho,
me arrastro a la muerte antes de ser arrojado al fuego para consumirme...
Que me juzgue Dyehuty (Thot), el pacificador de los dioses.
Que me defienda Jonsu, el escriba de la justicia.
Que Ra escuche mis palabras, el comandante de la barca sagrada.
Es agradable que los dioses rechacen los secretos de mi cuerpo.
Mi alma me respondió:
"No eres, ciertamente, un hombre; eres un viviente.
¿Qué beneficio obtienes de estar preocupado por la vida como un rico?"
Respondí:
"No me iré mientras esa está en la tierra".
Pero tus posesiones están muertas aunque tu nombre está vivo.
Ella es un lugar de reposo para el corazón. El occidente es una morada...
Si mi alma me escucha y está de acuerdo conmigo, entonces será afortunada.
Haré que alcance el occidente como el que está en su pirámide,
que un superviviente atendió en su entierro.
Si me empujas a la muerte de esta forma,
no encontrarás donde posarte en el occidente.
Se paciente, mi alma, mi hermano, hasta que exista mi heredero,
que hará ofrendas y las colocará sobre la tumba el día del entierro,
y él preparará el féretro de la necrópolis.
Mi alma respondió a lo que dije:
"Si piensas en el entierro, es tristeza,
es lo que trae el llanto, haciendo miserable a un hombre,
es lo que aparta a un hombre de su casa siendo arrojado sobre la colina.
No ascenderás a las alturas para poder ver a Ra.
Oh quienes edifican con piedras de granito,
quienes construyen en las pirámides hermosas mediante trabajos hermosos,
cuando los constructores se convierten en dioses,
sus piedras de ofrendas son destruidas del mismo modo que los débiles
que mueren en la orilla por carecer de sucesor.
La inundación se lleva sus restos y los peces les hablan desde los margenes del agua.
Escúchame. Mira, es bueno para ti escuchar.
Sigue el día felizmente y olvida la preocupación."
Abrí mi boca y respondí a mi alma:
"Mira, mi nombre apesta,
mira, más que el olor de los buitres calvos en un día de la estación de shemu
cuando el cielo está caliente...
Mira, mi nombre apesta,
mira, más que el de una mujer esclava de las que se dicen mentiras por culpa de un hombre.
Mira, mi nombre apesta,
mira, más que el del niño robusto que si dice contra él que es de su rival...
¿A quién hablaré hoy?
Los conocidos son malvados.
Los amigos de hoy no aman,
¿A quién hablaré hoy?
Los corazones son codiciosos.
Todos roban los bienes del prójimo.
¿A quién hablaré hoy?
Se halla satisfacción en la maldad,
la bondad es rechazada en todas partes.
¿A quién hablaré hoy?
Aquel que debería enfurecernos con sus crímenes
hace que todos rían sus maldades.
¿A quién hablaré hoy?
El criminal es amigo íntimo,
y el hermano a quien solía tratar es enemigo.
¿A quién hablaré hoy?
No se recuerda el ayer,
hoy nada se hace por el que antes hizo.
¿A quién hablaré hoy?
Los hermanos son unos miserables.
Se busca el cariño en los extraños.
¿A quién hablaré hoy?
Los rostros nada expresan.
Cada uno aparta el rostro de sus hermanos.
¿A quién hablaré hoy?
Los corazones son codiciosos.
No hay entre los hombres un solo corazón en el que pueda confiarse.
¿A quién hablaré hoy?
No hay justos.
El país ha quedado para los malhechores.
¿A quién hablaré hoy?
No queda un solo amigo de verdad.
Uno confía sus quejas a la oscuridad.
¿A quién hablaré hoy?
El corazón alegre se fue
y aquel con quien uno paseaba ya no existe.
¿A quién hablaré hoy?
Estoy cargado por la desgracia
por falta de un amigo.
¿A quién hablaré hoy?
La maldad anda suelta por el país
y no tiene fin.
La muerte está hoy ante mí,
como la curación para un enfermo, como salir al exterior después de una reclusión.
La muerte está hoy ante mí,
como el perfume de la mirra, como sentarse bajo un toldo un día de viento.
La muerte está hoy ante mí,
como la fragancia del loto, como sentarse en la orilla de la embriaguez.
La muerte está hoy ante mí,
como un camino trillado, como el regreso de un hombre del ejercito a su hogar.
La muerte está hoy ante mí,
como la claridad del cielo, como un hombre que encuentra allí más de lo que ignoraba.
La muerte está hoy ante mí,
como un hombre desea ver su hogar después de haber estado prisionero muchos años.
Será, ciertamente,
quién está allí, como un dios vivo, castigado el crimen del malhechor.
Será, ciertamente,
quién está allí, en la barca sagrada, dando alimento a los templos.
Será, ciertamente,
quien está allí como un sabio y no es rechazado en la apelación de Ra.
Lo que me dijo mi alma fue:
"Deja las lamentaciones a un lado, oh mi hermano.
Debes ofrecer sobre el incensario, y romper con la vida, y del mismo modo di:
"Deséame aquí", después de haber rechazado el occidente.
Pero cuando se desee que alcances el occidente,
que alcancen tus miembros la tierra,
me posaré cuando te hayas cansado y haremos una morada juntos"